miércoles, 27 de octubre de 2010

6. Testimonio introspectivo


Existen proposiciones que en su concepción consumen lágrimas. Interpelar la existencia de Dios o la muerte podría destacarse sobre cualquier otra; aún por más incauto que el guión permanezca.   -Le dio un nombre impropio y la describió incompletamente-  El vínculo entre la aflicción y la muerte está dado por sentado incluso apesar de que es sólo el símbolo lo que ha de causar sufrimiento, no así la aseveración del acto. –No era que sintiera su presencia; sólo se había percatado, a través del espacio (luz, sombra y ambiente)  de la imperiosa ausencia-. Creemos vaciar los rastros de nuestra existencia en elementos finitos; tangibles. –La huella palpable desaparecería, el olor impregnado en los muros se desintegraría en unos años: No habría indicio alguno de su presencia. ¡Impotencia por lo inevitable, desasosiego por lo incomprensible!-  Quietud. -Encontrar en el artificio erudito el consuelo y plasmarlo en someras palabras-  “Los símbolos, en lo que se refiere a las estructuras culturales, son fuentes extrínsecas de información puesto que a diferencia de los genes están fuera de las fronteras del organismo individual y se encuentran en el mundo de lo intersubjetivo de común comprensión en el que nacen todos los individuos, en el que desarrollan sus diferentes trayectorias y al que dejan detrás de sí al morir”[1].  

En este momento eres tantas cosas y tantos lugares; abundantes notas musicales, palabras glorificadas; eres todas las personas, las flores y las plantas; eres cada latido y todos mis suspiros: has dejado de ser la ausencia para transfigurarte en lectura: preludio de “la existencia[2]-

Resolución: Lo que atormenta no es la ausencia, es la pérdida del amor[3].



[1] Geertz, Clifford. La interpretación de las culturas (Nueva York, 1973)
[2] Símbolo.

[3] Símbolo.

jueves, 21 de octubre de 2010

5. Linear Momentum


Estos días he añorado tu presencia. Te invito a formar parte de mis sueños para llorar mientras duermo. En ellos regresamos a nuestra antigua casa, quizá con la esperanza de volverte a ver, pero todo es tan diferente: vacío y contradictorio. Sueño con lo ajeno y familiar; te siento en todos los rincones; en todos los espacios pero no logro encontrarte. Es el deseo de volver a nuestra antigua vida juntos.


Lapsus Memoriae

-Uno, dos, tres. Tun tun, tun. Tun tun, tun. Gotas de lluvia caen sobre el parabrisas, se observan lágrimas derramadas: sincronía. Una noche roja; carmín, se percibe cierto aire de intensidad. Quizá es por las luces de los automóviles que detenidos derraman colores en el muro contiguo al carril de alta velocidad. Solemne y estático permanece el vehículo en una vía rápida. (We are stardust, billion year old carbón. We are golden[1].)-


-¿Qué le diré a mis hijos? A estas alturas no puedo encontrar razones para explicar lo sucedido. Woolf diría que se ha marchado el poeta; eso lo sé. (Esta lúcida conciencia de amar a lo nunca visto y de esperar lo imprevisto; este caer sin llegar es la angustia de pensar que puesto que muero existo[2]). No he dormido bien, me duelen los ojos, empiezo a pensar que tendré que acostumbrarme a soñar contigo a diario.

Sigo sin entender la “normalidad” inscrita en mi deseo por besar tus labios. Al fin lo hice cuando te fuiste. Estabas en la cama, primero tomé tus pies con fuerza, gritaba, no soportaba la realidad de quedarnos solos.

A veces condeno mi razón y sentencio al inconsciente por el atropello de soñar que otros se van para que tú te quedes. Egoísmo absurdo; crimen quimérico: ¡Alivio de estantería!


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[1] Woodstock: Joni Mitchell.
[2] Décima muerte: Xavier Villaurrutia.

martes, 19 de octubre de 2010

Paréntesis introspectivo.


   Encuentros

Soñamos con la inmaterialidad, sin embargo, conformamos su estructura con sutilezas de lo tangible.
Cuando Román la vio por primera vez, sintió una atracción anormal (He woke her then, and trembling and obedient she ate that burning heart out of his hand (…)[1]). Ella le observó desde lejos, sentada; inmóvil, determinada a construir en su imaginación las imágenes de su futuro encuentro. Esperó...
Cuando al fin se descubrieron, por alguna motivación provocada desde sus inconscientes (ambos eran asiduos lectores), se inclinaron a discutir sobre el existencialismo, para finalmente, coincidir en su posición sobre el pensamiento kantiano. Prometieron volverse a ver.
Minerva  no pudo dormir, pensaba en él. Tenía diecinueve años.
Tres años después, ella descubrió que podía escribir en la cocina mientras esperaba que las verduras terminaran de hervir, fumaba mientras tomaba una copa de Jack Daniels y escuchaba Kind of Blue. Adoraba sus sombreros, su barba cerrada; su cabello tan negro. Y sin embargo aún debía esperar para volverlo a ver.
“Aquí es donde la historia puede confundirse, aún no me es posible decidir si han logrado permanecer juntos o viven con la expectativa de un nuevo encuentro… ¡Difícil decisión! No creo en el amor”.
Tell me I’m the only oneSe llamaron; convocaron el encuentro en un museo: percusiones colgadas de la escalera. El eco casi podía producir música; después un café en el restaurante de la esquina y conversación de intensas proyecciones (sueños de inmaterialidad juvenil). Ordenaron, él pidió el Excélsior, ella La Jornada. Finalmente, se introdujeron en la confitería para observar los chocolates, ninguno compartía especial afición por los dulces; a ambos les deleitaban los sabores pronunciados; salados.
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Nuevamente, hoy Minerva sufre por la desilusión continua de sentirse rechazada por una sociedad que ha juzgado previamente. Llama a Román, con quien ha podido entenderse a través de estos años, con la disposición de transigir sus crudas observaciones, lo cierto es que en él destacan las palabras y como consecuencia cimeros cumplidos: cree en ella. Concede sensatez en el acto consciente de admirarse por la continua producción literaria de Román, así como de la construcción personal que hace de sí mismo. Él es todo lo que ella ha querido ser pero nunca se ha atrevido. “Aquí podría pensar: Contradicción”. Invisibles: Han permanecido juntos a pesar de encontrarse separados. (Been there: done that!)
Román cree, que probablemente algún día podrá satisfacer las expectativas que ella tiene sobre su persona. Cuando lo admira, lo presiona...
Mientras, ella encuentra en la razón de Sor Juana el valor del amor (dulce ficción por quien penosa vivo[2]), y él se inclina por las novelas negras (…si te labra prisión mi fantasía[3]).
Su sillón, tan rojo, los ha albergado a ambos tratando de sobrepasar los linderos de la intimidad. Tan pocas cosas y tantos elementos, parecieran numerosos recuerdos. Minerva adora las sensaciones que le produce espacio tan vacío; tan lleno. (Temptation: Rusted brandy in a diamond glass)
Tres años más y ella aún escucha una Gibson L5: Boulevard of broken dreams y casi puede sentirse intoxicada: alucinar su olor (Ungüento de suaves caricias, con suspiros de luz musical[4]). La tristeza se disimula cuando existe alguien que puede comprenderte. Un café para ella, té para él. Reforma y La Jornada.
-¿Qué somos?- “Podría regresar a transición”. -Nada todavía: Inocentes tal vez-.
“Quisiera poder dibujar la forma en que percibo la realidad, pero tengo una mano torpe y la práctica que he adquirido, aún no se identifica conmigo. Quisiera tomar  fotografías que se asemejaran, lo mejor posible, a mi realidad; tal vez tocar un instrumento que describiera lo que siento, pero he concluido que a mí, sólo me quedan las palabras”.
Román la observa una vez más, se siente atraído por su recuerdo, tanto la deseaba en ese primer momento (Vide cor tuum)  que ningún otro instante con ella lo ha podido superar; así que piensa un poco antes de besarla, no está seguro. Toma un trago más. Unos segundos después, ella lo mira sin decir nada, profundamente atraviesa su mirada, la mantiene. Hasta ahora, sólo una persona había confirmado su atrevimiento pero, a pesar de su emoción momentánea, terminó en dos encuentros fortuitos.
Román lo hizo por primera vez: silencio. Estaban juntos otra vez. (This is for you, only for you, so kiss me tenderly)
“Las palabras son fascinantes, soñar despierto también”…



[1] Dante: La vita nuova.
[2] Detente, sombra. Sor Juana Inés de la Cruz.
[3] Ibíd.
[4] Gris perla: Salvador Díaz Mirón.




Mujer desnuda en sillón rojo.
PICASSO

viernes, 15 de octubre de 2010

Paréntesis introspectivo.


Alguien me había regalado un ave sin voz;
la he mirado fijamente desde la mesa
donde construyo versos y lamentos.

Es un búho rojo de grandes ojos.
No me gusta que pose sus prejuicios sobre mi,
siento que apunta directo al corazón;
delicada compasión por mi tristeza.

Pero he tenido la fortuna de escucharlo;
se regocija a la par de Billie Holliday,
e interpreta en deseos a Gershwin
evocando a las mejores orquestas.

Un regalo inesperado.
Me gusta que sentencie sobre mi tristeza;
que me observe con sus ojos sabios
y entone hermosas melodías
donde aún construyo versos y lamentos.


Envolviendo a Billie Holiday...
Autor: desconocido.

lunes, 11 de octubre de 2010

4. Tiempo


Él dijo que vestiría un traje caqui. ¡Qué prueba de la existencia habrá mayor que la suerte de estar viviendo sin verte y muriendo en tu presencia![1] Tenía un gusto impecable.
Tomaría un refresco frío: su favorito. Nunca pudo averiguar los ingredientes del sabor tan peculiar de la bebida que tanto añoraba; realmente, nunca quiso saberlo; siempre pensó que su lengua lo había descubierto desde el primer trago pero se había reservado tan preciada información, lo cierto es que estaba consciente de su gusto por la intriga: Cáscaras de plátano, vainilla; cereza tal vez… Estaría tan frío que le quitaría el dolor, le recordaría aquellos días de intenso calor y de céfiros incesantes. Sería su última satisfacción, regresaría al amor en ese primer trago y culminaría en el paroxismo: su última oportunidad y tal vez la primera. Ya te vas para no volver[2]. Creyó que partiría en ese momento, cerró los ojos imitando el sueño, pero no fue así; los abrió  otra vez –me equivoqué, aun no es momento- faltaba algo, determinado en cualquier instante –Cómo partir y hacerlos creer que fue a propósito- Bromeó a pesar de la sangre y el dolor. Yo era otro, siendo el mismo, yo era el que quiere irse[3]. Le faltaba tiempo.


[1] Xavier Villaurrutia; “Décima muerte”
[2] Ruben Darío; “Juventud, divino tesoro”.
[3] Alfonso Reyes

sábado, 2 de octubre de 2010

Paréntesis introspectivo.


CIUDAD 1
La ciudad móvil. Tiene que serlo. Determinamos lo que somos y lo que queremos siempre en movimiento. Nos alcanza a través de sus calles y avenidas. Hemos de encontrarnos mientras exploramos sus lugares; fragmentos de historias guarecidas y contadas, donde transcribimos la nuestra oscilando entre revoluciones y ostentaciones que se conducen a través de todos los fragmentos y patrones que la colectividad con-forma. Desafía las leyes del espacio y el tiempo.
Me gusta abandonarme en ella, sentir que como un objeto más puedo controlarla, condicionarme por medio del periódico, la radio y todas sus extensiones, a comprender su desplazamiento. He llegado a creer que conozco gran parte del mundo abstraída en el mío… Sin embargo, la ciudad me sobrepasa; sigo pensando que soy intrusa. Tengo que salir. Siempre hay algo afuera que logra infiltrarse y hacerme partir: Inquietudes constreñidas por una sociedad determinada hacia el control de sus deseos; saciada con pretensiones someras (¡Qué coraje!). Contradicción: será ciudad.
Tan llena y tan vacía… se mueve a la izquierda, a veces a la derecha y creo que ha recorrido todos los lugares.
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Entre tú y yo, Coyoacán es medianera. Prefiero llegar ahí que esperar que vengas por mí desde el sur. Quisiera que el centro estuviera de por medio (ironía de las distancias), pero encontrarnos ahí es más difícil para ti, que para mí llegar a Coyoacán. Recuerdo cuando creía que vivíamos más cerca, estábamos enamorados.
Supe que te amaba cuando fui a verte sin saber cómo llegar; qué camión tomar; me equivoqué dos veces, pero cuando llegué y te vi, sentí que había valido el pesar. Ahora todo es distinto: después de cuatro años, la distancia es un problema, de nada ha servido para nosotros el metro bus o los segundos pisos; el tiempo es menos pero la distancia entre tú y yo no.
Te besé por primera vez en aquella fiesta en la Narvarte y la última vez en Coyoacán…


    Ciudad Móvil...   "Cuando la Reforma sale mal" de Paco Trinidad.



viernes, 1 de octubre de 2010

3. Boceto de árboles y plantas.




El Tule es una planta de hojas alargadas de hasta 1.50m de alto y 2cm de diámetro. Los indígenas de Latinoamérica lo han utilizado para fabricar un material tradicionalmente conocido como Petate (Petatl ); que tejiendo unas cuantas hojas para conformar  grandes hilos; de la mano de la  inventiva indígena, se producen  diversos objetos no sólo apreciados por su forma o la diversidad de usos que contempla; si no por el trabajo que requiere entrelazar sus componentes. Así, es como se puede encontrar un patrón de evento; derivado de una de las condiciones básicas humanas: la necesidad de descanso, que no diferencia razas o lugares. Todos dormimos; todos morimos. En cualquier caso, las variaciones de dicho patrón las encontramos como producto de la particularidad de las condiciones del sitio, así como en los menesteres específicos de la cultura que lo emplea, inmerso en sus tradiciones procedentes: en el elemento erudito de la colectividad; eso  que actualmente llamamos “artesanía”.  En el uso del petate para dormir y aguardar el sueño eterno. De tal manera que resultaría en el único elemento que separaría a nuestro cuerpo de la tierra.   –A nosotros los del pueblo, nos entierran en petate-

Oscar Wilde definía en una máxima: “Muero como he vivido, más allá de mis sueños”.
La cosmovisión Indígena de Latinoamerica determina  a la naturaleza en un concepto: “la Madre Tierra”; ampliando la definición al clasificarla como un “todo” resumido en el “SER VIVO” que ha de ceder existencia y cobijo a las comunidades. Por esto, reflexionar sobre la concepción de “La naturaleza” como objeto cuya conservación esta coartada por el acto humano, me lleva a pensar que como hemos de vivir y en lo que hemos de creer, así la muerte nos aguardará… Si el lugar que ha de preservar nuestra materia orgánica representa un estatus de vida contemplado por el número de posesiones que tuvimos en vida y por lo tanto habrá de construirse con materiales que lo autentifiquen, ya sea de mármol o de metal, entonces la degradación del cuerpo sufrirá un proceso lento y aislado de la tierra que en algún momento lo transformó en la forma que tenía. –A mí, que me entierren en petate, en un campo de árboles frutales, de maíz, quelite y frijol; ¡yo qué sé!, que no me separen de mi Madre: algún día me querrá de vuelta. Que aquí se queden los recuerdos, las tardes merecidas por la pena, las noches esperanzadas de mirarte, los campos de mi camino, y el firmamento que estoy viendo y perdiendo- Borges


Petate sobre pedido...
de: Arq. Monse Martinez Zepeda

miércoles, 29 de septiembre de 2010

2. De transiciones y contradicciones.







Siempre supe que viviría poco. Mi pasado es un elemento nítido, recuerdo, de manera perfectible, a mis abuelos, mi madre y todos los amigos que atravesaron la puerta de la casa, el parque México; con especial claridad el auto guinda que conducía a los dieciséis y las buganvilleas que habían invadido la entrada de la casa.
La cosmovisión indígena de Latinoamérica coincide en valorar el presente, tener enfrente al pasado (que se concibe y funciona como guía), dejando el futuro a nuestras espaldas porque no podemos poseerlo ni asegurarlo.
Desde niño aprendí que el futuro estaba por delante: contradicción. Yo no tengo. Nuestra cultura valora el presente, teniendo enfrente el futuro: el futuro como aspiración; anhelo que se construye en el presente. El pasado ya no existe.
Existo, en proporción con lo que he vivido… no sé; porque entonces me atrevería a crear recuerdos de momentos inexistentes: Contradicción.
Todavía puedo apreciar la música, la literatura y el cine; todos, documentos del pasado.
Nota: Desde mi ventana, un pájaro se posa en la verja de la entrada; carga una flor en el pico: pronto jugaré en el jardín del gigante. (This is where I want to be (…) until the final flicker of life's ember.)
Una de las proposiciones en que Aristóteles reduce la moral socrática dice: El conocimiento es la virtud: Lo escribí en la pared que se encuentra a los pies de mi cama cuando tenía veintidós años. Hasta ahora, que mi pasado me ha tornado sigiloso; mudo, sé a qué me refería cuando me atreví a transgredir el tapiz del muro con las palabras de Sócrates. A través del conocimiento de mi pasado; sé quién soy: Transición. (Sur: regreso al amor)






Paréntesis introspectivo.

10 PUNTOS SOBRE EL ERROR.
"En nuestros locos intentos, renunciamos a lo que somos por lo que esperamos ser." W.Shekespeare
1. Todos nos equivocamos. No creo que exista la exención del error.
2. Sin embargo también creo que uno elige los errores que ha de cometer, las veces que sea necesario; con el propósito que respetablemente cada quién elija. Ya sea para aprender, o sólo por el placer momentáneo que la mayoría de las veces, el error trae consigo. Es decir, hay un punto en el que podemos elegir el curso de nuestras acciones.
3. Por esto, recuerdo alguna vez haber escuchado la ironía de que lo peor que puede pasar al intentar  algo, es aprender de ello. Y ni tan peor entonces, porque aun así resulta un beneficio. El problema está cuando la vida, al ofrecernos esta consecuencia, terminamos también por evadirla; sin aprender nada de aquel error que al final optamos por cometer.
4. Pero me pregunto entonces de qué manera podemos culminar la virtud de convertir un error en una victoria… demostrando que somos capaces de afrontarlo y levantarnos con sensatez, reserva, desprendimiento y siempre conservando el amor propio. Eso hace al hombre magnánimo.
5. Con esto me refiero a que es necesaria la determinación para afrontar las consecuencias de nuestros actos, que difícilmente ocurren como hechos aislados del contexto social en el cual nos desenvolvemos.
6. Lo que me hace reflexionar acerca del pensamiento existencialista; que sin llevarlo al extremo de vivir con miedo de actuar pensando en las repercusiones de nuestros actos; irónicamente todos merecemos escapar en algún momento; el fundamento (kantiano) de la ética moral propone un test para que la persona se pregunte a sí misma si reúne los siguientes rasgos:
  Estar dotada de universalidad: será ley moral aquella en que yo creo y que todas las personas deberían cumplir, de forma que no hago conmigo una excepción.
  Referirse a seres que son fines en sí mismos: será ley moral la que proteja a seres que tienen un valor absoluto.
  Valer como norma una legislación universal en un reino de los fines: para comprobar si una máxima es ley moral es preciso comprobar si sería una ley vigente en un reino en que todos los seres racionales se trataran entre sí como fines y no como medios.
Si los seres humanos somos capaces de darnos a nosotros mismos este tipo de leyes que nos permite ser capaces de ponernos en el lugar de cualquier otro, entonces es que somos autónomos. O bien: libres.
7. Por lo tanto, cometer errores y no aprender de ellos, no sólo viola la ley moral, si no que ha de privarnos de nuestra libertad.
8. Existe siempre el riesgo, de que en una sociedad gobernada por necesidades banales que la mayor parte del tiempo han de consumir estas premisas y disfrazarlas con aditamentos religiosos; las personas no construyamos nuestras vidas a partir de ellas, porque implicaría un pensamiento crítico y autogestivo; completamente contrario a las expresiones capitalistas. Esto definiría que cada acto se encuentra estrechamente relacionado con todos los demás… que no podríamos dividir nuestro conocimiento del mundo ni especializarlo.
9. Entonces, llego a la conclusión de que aunque evitar el error es un acto casi imposible, es posible cometer los menos y en caso de que un acto nos conduzca deliberadamente a alguno; obligarnos a aprender de ellos y reaccionar afrontando cada consecuencia.
10. De cualquier forma, si nos encontramos sumergidos en el error; al menos en el proceso tratar, porque es simplemente imposible descartar el hecho, de no utilizar a las personas como medios o hacer que eso parezca. Al menos si aún creemos en el amor y la libertad, o bien, huimos de la soledad.


1. Preludio del desenlace.

El cuerpo inerte no tendría que separarse de la tierra.  Pensar que pasa la eternidad confinado en una caja que sólo posterga su degradación; aislado de la naturaleza que lo creó, resulta aberrante, por no más ficticio. El miedo que el vivo tiene de encontrarse perseguido por el cuerpo que el alma ha abandonado, es un producto cultural perpetrado por Occidente. No en vano en algunas culturas sistemáticamente se enterraba a los muertos en profundidades ridículas, sellando el ataúd con clavos estructuralmente innecesarios.

Tu cuerpo desapareció un día de transición. El cielo estaba dividido; se habían acumulado grandes nubes grises. Llovía, pero al  tiempo se mostraban fragmentos de luz, cuando la formación de un arcoíris consumó la escena. Qué momento elegiste para tornar tu forma intangible. Sigo pensando que la naturaleza daba muestra de la última conflagración por ti entre el cielo y la tierra: Qué espectáculo. Dualidad y transición. Aquiescencia del día en que naciste.

Ese 15 de abril no pude evitar conjugar versos en mi mente; palabras derramadas por mi alma. Así es como florece este proyecto: de muerte, de amor, de árboles, de nostalgia; lugares y desdicha; pero no es otra historia. No es común porque tópicamente lo sea. Qué a caso las acciones humanas no resultan siempre en patrones de evento: en la dicha de sabernos colectivamente acompañados, por supuesto con sus respectivas variantes. Del macrocosmos de lo común, al microcosmos de lo específico.