Existen proposiciones que en su concepción consumen lágrimas. Interpelar la existencia de Dios o la muerte podría destacarse sobre cualquier otra; aún por más incauto que el guión permanezca. -Le dio un nombre impropio y la describió incompletamente- El vínculo entre la aflicción y la muerte está dado por sentado incluso apesar de que es sólo el símbolo lo que ha de causar sufrimiento, no así la aseveración del acto. –No era que sintiera su presencia; sólo se había percatado, a través del espacio (luz, sombra y ambiente) de la imperiosa ausencia-. Creemos vaciar los rastros de nuestra existencia en elementos finitos; tangibles. –La huella palpable desaparecería, el olor impregnado en los muros se desintegraría en unos años: No habría indicio alguno de su presencia. ¡Impotencia por lo inevitable, desasosiego por lo incomprensible!- Quietud. -Encontrar en el artificio erudito el consuelo y plasmarlo en someras palabras- “Los símbolos, en lo que se refiere a las estructuras culturales, son fuentes extrínsecas de información puesto que a diferencia de los genes están fuera de las fronteras del organismo individual y se encuentran en el mundo de lo intersubjetivo de común comprensión en el que nacen todos los individuos, en el que desarrollan sus diferentes trayectorias y al que dejan detrás de sí al morir”[1].
–En este momento eres tantas cosas y tantos lugares; abundantes notas musicales, palabras glorificadas; eres todas las personas, las flores y las plantas; eres cada latido y todos mis suspiros: has dejado de ser la ausencia para transfigurarte en lectura: preludio de “la existencia”[2]-
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