Tengo un mejor amigo, siempre que nos vemos me anima y me regala
cariño, nunca condiciona su aprecio y me hace reír con facilidad. A veces me
pregunto que está pensando cuando me mira de cierta manera. Me gusta pensar que
es un lector asiduo pero no le gusta presumir… Siempre está contento y disfruta
emocionarse con cosas que normalmente doy por sentado; para él todo es un
pretexto para ser feliz: la comida, el viento en la cara, el sol, un espejo de
agua, una pequeña caricia, árboles y flores,
tierra, lluvia ¡lodo! y uff… el pasto.
Quisiera ser como él y convertir la felicidad en un estado permanente;
tomar agua de la llave sin preocuparme, saludar a las personas en la calle como
si todos nos reconociéramos en el otro, sonreír ante cualquier pretexto,
recostarme en un campo de árboles y flores o prestar atención al aroma de las
cosas… Quisiera ser más como mi amigo.
A veces me siento triste, en ocasiones me deprimo por las noticias, el
deterioro del país que me vio nacer, la pérdida de un amigo o simplemente
porque tengo el corazón roto y entonces mi amigo me acompaña, me regala un
espacio de consuelo y amor incondicional.
Pero lo mejor es que mi mejor amigo me ha enseñado a no esperar nada a
cambio, lo quiero tanto y procuro su bienestar deseando sólo que pueda seguir
siendo feliz como hasta ahora… así de sencilla es nuestra amistad. Y no sé qué
haré cuando me falte.
Me dejó llamarle como quisiera y Jaco lo nombré… Duerme en una camita
en el piso, me despierta a besos y se recuesta a mi lado donde quiera que lo
lleve.
Me siento afortunada de haberle ofrecido un hogar cuando otros no lo
quisieron. Pienso que somos más afortunados de la existencia de nuestros amigos
los perros que ellos de la nuestra. Lo cierto es que los reproducimos,
deformamos, maltratamos y abandonamos a nuestro antojo. Espero que un día
escapen de las garras, la violencia y el desdén de los humanos que no hemos
podido cohabitar con la naturaleza sin depredarla.
Espero que llegue el día en que dejen de
ser una simple mercancía más porque creo que los amigos verdaderos nunca pueden
ser comprados.
Hace casi ya dos semanas me encontré con un perro
abandonado, traía un pedazo de cinturón como correa y estaba en los huesos.
Como muchos perros, sufrió del desencanto de un humano que lo desechó. No lo pensé mucho, sólo insistí hasta que dejó
que me acercara. Es un perro grande y aun así me tenía miedo. Lo entiendo… nosotros nos sentimos igual cuando nos rompen
el corazón.
Hasta el día de hoy me he hecho cargo de él, con los gastos
y responsabilidades que el perrito implica. Ayer lo llevé al veterinario para
su esterilización y lo sostuve mientras esperaba que la anestesia hiciera efecto,
por un momento pensé cómo me sentiría yo si despertara de pronto con una
extremidad ausente; sentí horrible pero
sabía que era necesario. Aunque creo que hay algo de injusticia en mutilarlos a
ellos para protegerlos de los seres humanos que no sufren cuando los reproducen
y abandonan.
En este proceso, me he percatado también de aquellos que
defienden a los animales sólo en discurso, incluso de la hipocresía que
permiten las redes sociales. Y cada día me avergüenzo más de mis amigos los humanos.
El perrito es grande de tamaño; café con leche… Cada día
está mejor, quisiera poder ofrecerle lo que mi amigo Jaco tiene, pero
desafortunadamente no tengo los recursos para hacerlo. Es un perro alegre a pesar
de las circunstancias en que se encontraba, tiene mucha energía y es muy
inteligente. Espero poder encontrarle un hogar que le permita hacer feliz a quienes le rodeen como mi Jaco me ha hecho a mí.