miércoles, 29 de septiembre de 2010

2. De transiciones y contradicciones.







Siempre supe que viviría poco. Mi pasado es un elemento nítido, recuerdo, de manera perfectible, a mis abuelos, mi madre y todos los amigos que atravesaron la puerta de la casa, el parque México; con especial claridad el auto guinda que conducía a los dieciséis y las buganvilleas que habían invadido la entrada de la casa.
La cosmovisión indígena de Latinoamérica coincide en valorar el presente, tener enfrente al pasado (que se concibe y funciona como guía), dejando el futuro a nuestras espaldas porque no podemos poseerlo ni asegurarlo.
Desde niño aprendí que el futuro estaba por delante: contradicción. Yo no tengo. Nuestra cultura valora el presente, teniendo enfrente el futuro: el futuro como aspiración; anhelo que se construye en el presente. El pasado ya no existe.
Existo, en proporción con lo que he vivido… no sé; porque entonces me atrevería a crear recuerdos de momentos inexistentes: Contradicción.
Todavía puedo apreciar la música, la literatura y el cine; todos, documentos del pasado.
Nota: Desde mi ventana, un pájaro se posa en la verja de la entrada; carga una flor en el pico: pronto jugaré en el jardín del gigante. (This is where I want to be (…) until the final flicker of life's ember.)
Una de las proposiciones en que Aristóteles reduce la moral socrática dice: El conocimiento es la virtud: Lo escribí en la pared que se encuentra a los pies de mi cama cuando tenía veintidós años. Hasta ahora, que mi pasado me ha tornado sigiloso; mudo, sé a qué me refería cuando me atreví a transgredir el tapiz del muro con las palabras de Sócrates. A través del conocimiento de mi pasado; sé quién soy: Transición. (Sur: regreso al amor)






Paréntesis introspectivo.

10 PUNTOS SOBRE EL ERROR.
"En nuestros locos intentos, renunciamos a lo que somos por lo que esperamos ser." W.Shekespeare
1. Todos nos equivocamos. No creo que exista la exención del error.
2. Sin embargo también creo que uno elige los errores que ha de cometer, las veces que sea necesario; con el propósito que respetablemente cada quién elija. Ya sea para aprender, o sólo por el placer momentáneo que la mayoría de las veces, el error trae consigo. Es decir, hay un punto en el que podemos elegir el curso de nuestras acciones.
3. Por esto, recuerdo alguna vez haber escuchado la ironía de que lo peor que puede pasar al intentar  algo, es aprender de ello. Y ni tan peor entonces, porque aun así resulta un beneficio. El problema está cuando la vida, al ofrecernos esta consecuencia, terminamos también por evadirla; sin aprender nada de aquel error que al final optamos por cometer.
4. Pero me pregunto entonces de qué manera podemos culminar la virtud de convertir un error en una victoria… demostrando que somos capaces de afrontarlo y levantarnos con sensatez, reserva, desprendimiento y siempre conservando el amor propio. Eso hace al hombre magnánimo.
5. Con esto me refiero a que es necesaria la determinación para afrontar las consecuencias de nuestros actos, que difícilmente ocurren como hechos aislados del contexto social en el cual nos desenvolvemos.
6. Lo que me hace reflexionar acerca del pensamiento existencialista; que sin llevarlo al extremo de vivir con miedo de actuar pensando en las repercusiones de nuestros actos; irónicamente todos merecemos escapar en algún momento; el fundamento (kantiano) de la ética moral propone un test para que la persona se pregunte a sí misma si reúne los siguientes rasgos:
  Estar dotada de universalidad: será ley moral aquella en que yo creo y que todas las personas deberían cumplir, de forma que no hago conmigo una excepción.
  Referirse a seres que son fines en sí mismos: será ley moral la que proteja a seres que tienen un valor absoluto.
  Valer como norma una legislación universal en un reino de los fines: para comprobar si una máxima es ley moral es preciso comprobar si sería una ley vigente en un reino en que todos los seres racionales se trataran entre sí como fines y no como medios.
Si los seres humanos somos capaces de darnos a nosotros mismos este tipo de leyes que nos permite ser capaces de ponernos en el lugar de cualquier otro, entonces es que somos autónomos. O bien: libres.
7. Por lo tanto, cometer errores y no aprender de ellos, no sólo viola la ley moral, si no que ha de privarnos de nuestra libertad.
8. Existe siempre el riesgo, de que en una sociedad gobernada por necesidades banales que la mayor parte del tiempo han de consumir estas premisas y disfrazarlas con aditamentos religiosos; las personas no construyamos nuestras vidas a partir de ellas, porque implicaría un pensamiento crítico y autogestivo; completamente contrario a las expresiones capitalistas. Esto definiría que cada acto se encuentra estrechamente relacionado con todos los demás… que no podríamos dividir nuestro conocimiento del mundo ni especializarlo.
9. Entonces, llego a la conclusión de que aunque evitar el error es un acto casi imposible, es posible cometer los menos y en caso de que un acto nos conduzca deliberadamente a alguno; obligarnos a aprender de ellos y reaccionar afrontando cada consecuencia.
10. De cualquier forma, si nos encontramos sumergidos en el error; al menos en el proceso tratar, porque es simplemente imposible descartar el hecho, de no utilizar a las personas como medios o hacer que eso parezca. Al menos si aún creemos en el amor y la libertad, o bien, huimos de la soledad.


1. Preludio del desenlace.

El cuerpo inerte no tendría que separarse de la tierra.  Pensar que pasa la eternidad confinado en una caja que sólo posterga su degradación; aislado de la naturaleza que lo creó, resulta aberrante, por no más ficticio. El miedo que el vivo tiene de encontrarse perseguido por el cuerpo que el alma ha abandonado, es un producto cultural perpetrado por Occidente. No en vano en algunas culturas sistemáticamente se enterraba a los muertos en profundidades ridículas, sellando el ataúd con clavos estructuralmente innecesarios.

Tu cuerpo desapareció un día de transición. El cielo estaba dividido; se habían acumulado grandes nubes grises. Llovía, pero al  tiempo se mostraban fragmentos de luz, cuando la formación de un arcoíris consumó la escena. Qué momento elegiste para tornar tu forma intangible. Sigo pensando que la naturaleza daba muestra de la última conflagración por ti entre el cielo y la tierra: Qué espectáculo. Dualidad y transición. Aquiescencia del día en que naciste.

Ese 15 de abril no pude evitar conjugar versos en mi mente; palabras derramadas por mi alma. Así es como florece este proyecto: de muerte, de amor, de árboles, de nostalgia; lugares y desdicha; pero no es otra historia. No es común porque tópicamente lo sea. Qué a caso las acciones humanas no resultan siempre en patrones de evento: en la dicha de sabernos colectivamente acompañados, por supuesto con sus respectivas variantes. Del macrocosmos de lo común, al microcosmos de lo específico.