martes, 19 de octubre de 2010

Paréntesis introspectivo.


   Encuentros

Soñamos con la inmaterialidad, sin embargo, conformamos su estructura con sutilezas de lo tangible.
Cuando Román la vio por primera vez, sintió una atracción anormal (He woke her then, and trembling and obedient she ate that burning heart out of his hand (…)[1]). Ella le observó desde lejos, sentada; inmóvil, determinada a construir en su imaginación las imágenes de su futuro encuentro. Esperó...
Cuando al fin se descubrieron, por alguna motivación provocada desde sus inconscientes (ambos eran asiduos lectores), se inclinaron a discutir sobre el existencialismo, para finalmente, coincidir en su posición sobre el pensamiento kantiano. Prometieron volverse a ver.
Minerva  no pudo dormir, pensaba en él. Tenía diecinueve años.
Tres años después, ella descubrió que podía escribir en la cocina mientras esperaba que las verduras terminaran de hervir, fumaba mientras tomaba una copa de Jack Daniels y escuchaba Kind of Blue. Adoraba sus sombreros, su barba cerrada; su cabello tan negro. Y sin embargo aún debía esperar para volverlo a ver.
“Aquí es donde la historia puede confundirse, aún no me es posible decidir si han logrado permanecer juntos o viven con la expectativa de un nuevo encuentro… ¡Difícil decisión! No creo en el amor”.
Tell me I’m the only oneSe llamaron; convocaron el encuentro en un museo: percusiones colgadas de la escalera. El eco casi podía producir música; después un café en el restaurante de la esquina y conversación de intensas proyecciones (sueños de inmaterialidad juvenil). Ordenaron, él pidió el Excélsior, ella La Jornada. Finalmente, se introdujeron en la confitería para observar los chocolates, ninguno compartía especial afición por los dulces; a ambos les deleitaban los sabores pronunciados; salados.
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Nuevamente, hoy Minerva sufre por la desilusión continua de sentirse rechazada por una sociedad que ha juzgado previamente. Llama a Román, con quien ha podido entenderse a través de estos años, con la disposición de transigir sus crudas observaciones, lo cierto es que en él destacan las palabras y como consecuencia cimeros cumplidos: cree en ella. Concede sensatez en el acto consciente de admirarse por la continua producción literaria de Román, así como de la construcción personal que hace de sí mismo. Él es todo lo que ella ha querido ser pero nunca se ha atrevido. “Aquí podría pensar: Contradicción”. Invisibles: Han permanecido juntos a pesar de encontrarse separados. (Been there: done that!)
Román cree, que probablemente algún día podrá satisfacer las expectativas que ella tiene sobre su persona. Cuando lo admira, lo presiona...
Mientras, ella encuentra en la razón de Sor Juana el valor del amor (dulce ficción por quien penosa vivo[2]), y él se inclina por las novelas negras (…si te labra prisión mi fantasía[3]).
Su sillón, tan rojo, los ha albergado a ambos tratando de sobrepasar los linderos de la intimidad. Tan pocas cosas y tantos elementos, parecieran numerosos recuerdos. Minerva adora las sensaciones que le produce espacio tan vacío; tan lleno. (Temptation: Rusted brandy in a diamond glass)
Tres años más y ella aún escucha una Gibson L5: Boulevard of broken dreams y casi puede sentirse intoxicada: alucinar su olor (Ungüento de suaves caricias, con suspiros de luz musical[4]). La tristeza se disimula cuando existe alguien que puede comprenderte. Un café para ella, té para él. Reforma y La Jornada.
-¿Qué somos?- “Podría regresar a transición”. -Nada todavía: Inocentes tal vez-.
“Quisiera poder dibujar la forma en que percibo la realidad, pero tengo una mano torpe y la práctica que he adquirido, aún no se identifica conmigo. Quisiera tomar  fotografías que se asemejaran, lo mejor posible, a mi realidad; tal vez tocar un instrumento que describiera lo que siento, pero he concluido que a mí, sólo me quedan las palabras”.
Román la observa una vez más, se siente atraído por su recuerdo, tanto la deseaba en ese primer momento (Vide cor tuum)  que ningún otro instante con ella lo ha podido superar; así que piensa un poco antes de besarla, no está seguro. Toma un trago más. Unos segundos después, ella lo mira sin decir nada, profundamente atraviesa su mirada, la mantiene. Hasta ahora, sólo una persona había confirmado su atrevimiento pero, a pesar de su emoción momentánea, terminó en dos encuentros fortuitos.
Román lo hizo por primera vez: silencio. Estaban juntos otra vez. (This is for you, only for you, so kiss me tenderly)
“Las palabras son fascinantes, soñar despierto también”…



[1] Dante: La vita nuova.
[2] Detente, sombra. Sor Juana Inés de la Cruz.
[3] Ibíd.
[4] Gris perla: Salvador Díaz Mirón.




Mujer desnuda en sillón rojo.
PICASSO