Cuando todo cambia.
Escribir se había
vuelto una actividad complicada. Se terminaban las excusas; el dolor y la
nostalgia desaparecían poco a poco. Parecía que no podía encontrar motivos para
expresar las inquietudes de un alma perdida que iba hallándose entre las luces urbanas que en la noche se confunden con estrellas. Recuperar la
fragilidad emocional del soñador se ha complicado con el tiempo: la fuerza de
las cosas, la memoria de las decepciones y tristezas acumuladas han generado
una inevitable resistencia al encuentro de esperanzas. La ficción de un amor
nunca consumado proyectó un estado permanente de argucias auto complacidas;
estado fallido para un poeta: ¡mediocridad sentimental!
Hasta que la
soledad le alcanza nuevamente y vuelve a sí misma en ese proceso. “El Dasein es
soledad porque ese es uno de los modos fundamentales de su ser. Su existencia
lo separa del mundo. El hombre es soledad porque es nostalgia[1].” Así, vuelve la atención a los detalles en otrora ignorados.
A través de la ventana, un
ave postrada en el amanecer de una metrópoli que resplandece en las alturas
canta y surgen estas palabras. Ahora la esperanza de un nuevo encuentro ha
modificado el despertar de los nuevos días…