miércoles, 10 de diciembre de 2014

NO SE OLVIDA

Soy la memoria de quienes han luchado,
el recuerdo de quienes han muerto;
el vivo resplandor de quienes han desaparecido.

Soy el sueño de un mejor país,
el legado de mis padres:
la esperanza de mis hijos.

Soy el poder de actuar:
mi fuerza también es mayoría,
mi corazón también es patria.

Por los que vinieron y lucharon
desde hoy soy uno y cuarenta y tres:
Soy los que tenga que ser.

Para que cuando pasen por aquí
sepan que aún tienen memoria,
que somos todos y siempre mayoría.


¡Ayotzinapa vive, la lucha sigue!

"Entre compas podemos"
Foto: Daniel Rodríguez Villa.
http://instagram.com/ciudadalreves/

martes, 29 de julio de 2014

Ya sé que nadie lo pidió...

Empiezo a pensar que es más importante ser oportuno cuando se hace una buena acción por alguien que simplemente llevar a cabo la acción, no importa si todas las intenciones que hay detrás de ella sean buenas.

Con el tiempo he comprendido, basada en mis experiencias, que uno no puede tener buenas intenciones a medias; debe estar comprometido con el fin mismo de las cosas; si se ha de hacer algo es casi necesario controlar todos los factores para lograrlo sin depender de nadie más, aún si la persona es el fin en sí mismo y parece depender de ella la consecución del acto.  Lo cierto es que esto se agudiza aún más si es una acción determinada por uno mismo; es decir, sin que se lo hayan pedido. (-Pues para qué me ayudas si yo ni te lo pedí-, -Si yo ni quería-, -pues si yo estaba bien como estaba-)

Ofrecer hacer algo por alguien puede ser el detonador de una serie de malas experiencias si no se hace completamente bien o completamente comprometido con la causa. Esto implica una serie de factores que deben estar implícitos desde que surge la intención de pensar en los demás; así uno puede evitar sentirse triste, ofendido, aislado o simplemente ignorado… en cualquiera de los casos; tal vez funcione.


1. REGLA BÁSICA. Aunque nos la enseñan desde pequeños, no siempre es fácil ponerla en práctica a pesar de ser la más importante para actuar correctamente en este mundo: Cuando existe buena voluntad, no se puede esperar recibir nada a cambio. Ni siquiera el agradecimiento por la acción. Basta con haber logrado nuestro propósito y aunque es muy Kantiano, esto nos hará comprender que el fin, en sí mismo, es la persona (y no lo que obtengas de ella).

2.       Las acciones que pienses tienen que ser llevadas a cabo en el lugar y momento específico. Puedes otorgar algo que traiga más problemas para la persona aunque tu consideración principal sea la de facilitar su vida. Por ejemplo, regalar tecnología a una persona que no está hecha para lidiar con ella. En este caso  habrá que dedicar tiempo para enseñar a la persona a usarlo. También se me ocurre; ordenar el lugar de una persona que tiene cierto orden en su desorden, después no encontrará sus cosas.

3.       Si se consideran una serie de pasos para lograr nuestro cometido tienen que llevarse a cabo de principio a fin, por la persona que tiene la intención de hacer algo por la otra y no al revés. No podemos esperar que la acción sea concluida por la persona (o personas) en cuestión; puesto que no es algo que tuviese considerado desde un principio y difícilmente lo hará; por ejemplo, regalar algo que tiene que recogerse en algún lugar o pedirle que te acompañe a recogerlo, escogerlo, etc.

4.       Si te ofreces como voluntario para hacer algo tienes que esforzarte por hacerlo mejor que si te lo hubiesen pedido, esto es principalmente porque cuando algo salga mal; será tu culpa y sí recibirás algo a cambio: el reclamo de haberte ofrecido a hacerlo. Aquí pienso en “recomendaciones y consejos”.

5.        Todas estas reglas son válidas únicamente si tienes la voluntad de hacer algo por alguien sin su consideración. Es decir: SIN QUE TE LO HAYAN PEDIDO.





miércoles, 29 de enero de 2014

La estrategia es la de eliminar la plaza pública.

El Zócalo es una plaza cuya característica urbana principal está en la relación geométrica extensión-vacío. Es la segunda plaza más grande del mundo, únicamente contenida por símbolos arquitectónicos que narran la historia de la ciudad de México. Podría ser representativa de la arquitectura a cielo abierto que heredamos de la tradición indígena urbano-arquitectónica y que responde a una cosmovisión que también hubiésemos querido heredar. El zócalo es una plaza que a excepción de la bandera mexicana, se encuentra despojada de elementos; ello, le permite poseer una riqueza simbólica nacional inigualable puesto que implica la relación ineludible del individuo con su historia y con el otro. Es la plaza que constituye al mexicano. En este sentido, el zócalo confronta y al mismo tiempo otorga: le recuerda su poder al pueblo y le reclama su obligación a ejercerlo. Por esto, no hay lugar mejor para la protesta, para la promesa o el acto solemne de tomar posesión de lo que al pueblo pertenece ¡porque el poder del pueblo es el poder de la plaza pública!


La estrategia de los “arbolitos felices” que plantea el gobierno de la ciudad para el zócalo, no es más que una intrusión. Detenta contra la relación simbólica que existe en nuestra plaza pública: Hoy, cuando miramos al cielo, la bandera se posa triunfante, hacia el infinito y ante el azul del cielo. No sólo habrá obstáculos que nos impidan verla, sino también relacionarnos con los otros y sus límites. ¡Qué difícil será ver cara a cara al presidente un 15 de septiembre y poder gritarle de frente: TRAIDOR A LA PATRIA!