lunes, 11 de marzo de 2013

7. Cuando todo cambia.


Cuando todo cambia.


Escribir se había vuelto una actividad complicada. Se terminaban las excusas; el dolor y la nostalgia desaparecían poco a poco. Parecía que no podía encontrar motivos para expresar las inquietudes de un alma perdida que iba hallándose entre las luces urbanas que en la noche se confunden con estrellas. Recuperar la fragilidad emocional del soñador se ha complicado con el tiempo: la fuerza de las cosas, la memoria de las decepciones y tristezas acumuladas han generado una inevitable resistencia al encuentro de esperanzas. La ficción de un amor nunca consumado proyectó un estado permanente de argucias auto complacidas; estado fallido para un poeta: ¡mediocridad sentimental!

Hasta que la soledad le alcanza nuevamente y vuelve a sí misma en ese proceso. “El Dasein es soledad porque ese es uno de los modos fundamentales de su ser. Su existencia lo separa del mundo. El hombre es soledad porque es nostalgia[1].” Así, vuelve la atención a los detalles en otrora ignorados. 

A través de la ventana, un ave postrada en el amanecer de una metrópoli que resplandece en las alturas canta y surgen estas palabras. Ahora la esperanza de un nuevo encuentro ha modificado el despertar de los nuevos días…




[1] Yañez Vilalta Adriana. “El tiempo y lo imaginario” Recordar es permanecer. FCE. México. P.24