Infortunio de una noche,
inevitable travesía sin desplante.
La oscuridad recorre primero la memoria;
imperiosa necesidad por conservar la luz
en los ojos de quien ha mirado fijamente.
Miradas que se han apagado enmudecidas,
perdidas en la ausencia de esperanzas,
con el bolsillo roto por voluntades sinceras.
Ya no queda nada, palabras ciegas tal vez,
que necias por vivir en luces sordas
se desvanecen entre el amor y el sueño.
Transiciones
miércoles, 15 de julio de 2015
domingo, 21 de junio de 2015
Breve reflexión: Las palabras.
Últimamente, no he podido dejar de pensar en qué sucede
cuando nos encontramos en ese momento en que las palabras ya no son suficientes. Porque he reconocido
que hay momentos en que simplemente es imposible usarlas, ya sea porque no las
encontramos, no las conocemos o las hemos usado tantas veces que han perdido su
significado. A esto, tengo que agregar
que muchas veces la posibilidad de sustituirlas con groserías es más accesible
que esforzarse por solucionar alguna de las carencias anteriores.
Veamos, la imposibilidad de usar las palabras normalmente
tiene que ver con un acontecimiento específico en el cual nos vemos
involucrados, la mayoría de las veces son momentos incómodos, molestos o
ajenos; y es ahí cuando aparecen más sentimientos que palabras, estamos alertas
a la situación pero no necesariamente a las palabras que la describen, para
nuestra mala suerte, esto sucede después, al reflexionar sobre lo acontecido y
encontrar tantas palabras, todas perfectas, para haber usado en ese momento que
desafortunadamente ya pasó. Claro, también están los casos en que por algún
motivo inexplicable, y que tal vez requeriría
psicoanalizarnos, simplemente no recordamos esa palabra o ese nombre en
el momento justo en que queremos utilizarla; sino hasta que ya no es necesaria.
Por supuesto, todos nos hemos encontrado recorriendo el mismo camino tantas veces que hemos dejado de observarlo; así cuando hemos pronunciado tantas veces las mismas palabras comenzamos a olvidar qué significaban, por ejemplo cuando hemos discutido los mismos temas, cuando hemos repetido tantas veces las mismas palabras de aliento o cuando hemos reclamado las mismas cosas de la misma manera.
Por último, me detengo un poco a reflexionar sobre los casos
anteriores, pues en todos ellos existen siempre dos salidas, la primera
básicamente implica relajarse y tomarse un momento para pensar en lo que
realmente se quiere decir, nuestro cerebro desafía el tiempo porque resuelve
múltiples cosas de manera simultánea, así que podríamos confiar un poco en él y
relajarnos, de tal manera que nos evite arrojarnos a la segunda opción, ésta es
la salida fácil y nuestro último caso: la sustitución de las palabras por los gritos y las groserías.
¿Por qué es tan sencillo recurrir a sustituir palabras por
groserías? Porque obtenemos resultados inmediatos. Sin embargo, estas palabras
se vuelven comodines en la forma en que nos expresarnos pues una sola palabra
puede significar múltiples cosas dependiendo el contexto o la entonación. Y
así, sin darnos cuenta comenzamos a
usarlas de forma recurrente. Es casi como subir nuestro cerebro al auto para
desplazarlo media cuadra. Finalmente me
pregunto, y a casi todos nos ha pasado, qué sucede cuando una persona dispuesta
a sustituir palabras por groserías discute con otra que no recurre a ellas… A
mi parecer a alguna de estas tarde o temprano se le acabarán las palabras y
no creo que haya tantas groserías para utilizar.
miércoles, 10 de diciembre de 2014
NO SE OLVIDA
Soy la memoria de quienes han luchado,
el recuerdo de quienes han muerto;
el vivo resplandor de quienes han desaparecido.
Soy el sueño de un mejor país,
el legado de mis padres:
la esperanza de mis hijos.
Soy el poder de actuar:
mi fuerza también es mayoría,
mi corazón también es patria.
mi corazón también es patria.
Por los que vinieron y lucharon
desde hoy soy uno y cuarenta y tres:
Soy los que tenga que ser.
Para que cuando pasen por aquí
sepan que aún tienen memoria,
que somos todos y siempre mayoría.
¡Ayotzinapa vive, la lucha sigue!
![]() |
| "Entre compas podemos" Foto: Daniel Rodríguez Villa. http://instagram.com/ciudadalreves/ |
martes, 29 de julio de 2014
Ya sé que nadie lo pidió...
Empiezo a pensar que es más importante ser oportuno cuando
se hace una buena acción por alguien que simplemente llevar a cabo la acción,
no importa si todas las intenciones que hay detrás de ella sean buenas.
Con el tiempo he comprendido, basada en mis experiencias,
que uno no puede tener buenas intenciones a medias; debe estar comprometido con
el fin mismo de las cosas; si se ha de hacer algo es casi necesario controlar
todos los factores para lograrlo sin depender de nadie más, aún si la persona
es el fin en sí mismo y parece depender de ella la consecución del acto. Lo cierto es que esto se agudiza aún más si es
una acción determinada por uno mismo; es decir, sin que se lo hayan pedido. (-Pues
para qué me ayudas si yo ni te lo pedí-, -Si yo ni quería-, -pues si yo estaba
bien como estaba-)
Ofrecer hacer algo por alguien puede ser el detonador de una
serie de malas experiencias si no se hace completamente bien o completamente
comprometido con la causa. Esto implica una serie de factores que deben estar
implícitos desde que surge la intención de pensar en los demás; así uno puede
evitar sentirse triste, ofendido, aislado o simplemente ignorado… en
cualquiera de los casos; tal vez funcione.
2.
Las acciones que pienses tienen que ser llevadas
a cabo en el lugar y momento específico. Puedes otorgar algo que traiga más
problemas para la persona aunque tu consideración principal sea la de facilitar
su vida. Por ejemplo, regalar tecnología a una persona que no está hecha para
lidiar con ella. En este caso habrá que
dedicar tiempo para enseñar a la persona a usarlo. También se me ocurre;
ordenar el lugar de una persona que tiene cierto orden en su desorden, después
no encontrará sus cosas.
3.
Si se consideran una serie de pasos para lograr
nuestro cometido tienen que llevarse a cabo de principio a fin, por la persona
que tiene la intención de hacer algo por la otra y no al revés. No podemos
esperar que la acción sea concluida por la persona (o personas) en cuestión;
puesto que no es algo que tuviese considerado desde un principio y difícilmente
lo hará; por ejemplo, regalar algo que tiene que recogerse en algún lugar o
pedirle que te acompañe a recogerlo, escogerlo, etc.
4.
Si te ofreces como voluntario para hacer algo
tienes que esforzarte por hacerlo mejor que si te lo hubiesen pedido, esto es
principalmente porque cuando algo salga mal; será tu culpa y sí recibirás algo
a cambio: el reclamo de haberte ofrecido a hacerlo. Aquí pienso en “recomendaciones
y consejos”.
5.
Todas
estas reglas son válidas únicamente si tienes la voluntad de hacer algo por
alguien sin su consideración. Es decir: SIN QUE TE LO HAYAN PEDIDO.
miércoles, 29 de enero de 2014
La estrategia es la de eliminar la plaza pública.
El Zócalo es una plaza cuya característica urbana principal está
en la relación geométrica extensión-vacío. Es la segunda plaza más grande del
mundo, únicamente contenida por símbolos arquitectónicos que narran la historia
de la ciudad de México. Podría ser representativa de la arquitectura a cielo
abierto que heredamos de la tradición indígena urbano-arquitectónica y que
responde a una cosmovisión que también hubiésemos querido heredar. El zócalo es
una plaza que a excepción de la bandera mexicana, se encuentra despojada de elementos;
ello, le permite poseer una riqueza simbólica nacional inigualable puesto que implica
la relación ineludible del individuo con su historia y con el otro. Es la plaza
que constituye al mexicano. En este
sentido, el zócalo confronta y al mismo tiempo otorga: le recuerda su poder al
pueblo y le reclama su obligación a ejercerlo. Por esto, no hay lugar mejor
para la protesta, para la promesa o el acto solemne de tomar posesión de lo que
al pueblo pertenece ¡porque el poder del pueblo es el poder de la plaza pública!
La estrategia de los “arbolitos felices” que plantea el gobierno
de la ciudad para el zócalo, no es más que una intrusión. Detenta contra la
relación simbólica que existe en nuestra plaza pública: Hoy, cuando miramos al
cielo, la bandera se posa triunfante, hacia el infinito y ante el azul del
cielo. No sólo habrá obstáculos que nos impidan verla, sino también
relacionarnos con los otros y sus límites. ¡Qué difícil será ver cara a cara al
presidente un 15 de septiembre y poder gritarle de frente: TRAIDOR A LA PATRIA!
jueves, 7 de noviembre de 2013
DE AMIGOS Y GARRAS
Tengo un mejor amigo, siempre que nos vemos me anima y me regala
cariño, nunca condiciona su aprecio y me hace reír con facilidad. A veces me
pregunto que está pensando cuando me mira de cierta manera. Me gusta pensar que
es un lector asiduo pero no le gusta presumir… Siempre está contento y disfruta
emocionarse con cosas que normalmente doy por sentado; para él todo es un
pretexto para ser feliz: la comida, el viento en la cara, el sol, un espejo de
agua, una pequeña caricia, árboles y flores,
tierra, lluvia ¡lodo! y uff… el pasto.
Quisiera ser como él y convertir la felicidad en un estado permanente;
tomar agua de la llave sin preocuparme, saludar a las personas en la calle como
si todos nos reconociéramos en el otro, sonreír ante cualquier pretexto,
recostarme en un campo de árboles y flores o prestar atención al aroma de las
cosas… Quisiera ser más como mi amigo.
A veces me siento triste, en ocasiones me deprimo por las noticias, el
deterioro del país que me vio nacer, la pérdida de un amigo o simplemente
porque tengo el corazón roto y entonces mi amigo me acompaña, me regala un
espacio de consuelo y amor incondicional.
Pero lo mejor es que mi mejor amigo me ha enseñado a no esperar nada a
cambio, lo quiero tanto y procuro su bienestar deseando sólo que pueda seguir
siendo feliz como hasta ahora… así de sencilla es nuestra amistad. Y no sé qué
haré cuando me falte.
Me dejó llamarle como quisiera y Jaco lo nombré… Duerme en una camita
en el piso, me despierta a besos y se recuesta a mi lado donde quiera que lo
lleve.
Me siento afortunada de haberle ofrecido un hogar cuando otros no lo
quisieron. Pienso que somos más afortunados de la existencia de nuestros amigos
los perros que ellos de la nuestra. Lo cierto es que los reproducimos,
deformamos, maltratamos y abandonamos a nuestro antojo. Espero que un día
escapen de las garras, la violencia y el desdén de los humanos que no hemos
podido cohabitar con la naturaleza sin depredarla.
Espero que llegue el día en que dejen de
ser una simple mercancía más porque creo que los amigos verdaderos nunca pueden
ser comprados.
Hace casi ya dos semanas me encontré con un perro
abandonado, traía un pedazo de cinturón como correa y estaba en los huesos.
Como muchos perros, sufrió del desencanto de un humano que lo desechó. No lo pensé mucho, sólo insistí hasta que dejó
que me acercara. Es un perro grande y aun así me tenía miedo. Lo entiendo… nosotros nos sentimos igual cuando nos rompen
el corazón.
Hasta el día de hoy me he hecho cargo de él, con los gastos
y responsabilidades que el perrito implica. Ayer lo llevé al veterinario para
su esterilización y lo sostuve mientras esperaba que la anestesia hiciera efecto,
por un momento pensé cómo me sentiría yo si despertara de pronto con una
extremidad ausente; sentí horrible pero
sabía que era necesario. Aunque creo que hay algo de injusticia en mutilarlos a
ellos para protegerlos de los seres humanos que no sufren cuando los reproducen
y abandonan.
En este proceso, me he percatado también de aquellos que
defienden a los animales sólo en discurso, incluso de la hipocresía que
permiten las redes sociales. Y cada día me avergüenzo más de mis amigos los humanos.
El perrito es grande de tamaño; café con leche… Cada día
está mejor, quisiera poder ofrecerle lo que mi amigo Jaco tiene, pero
desafortunadamente no tengo los recursos para hacerlo. Es un perro alegre a pesar
de las circunstancias en que se encontraba, tiene mucha energía y es muy
inteligente. Espero poder encontrarle un hogar que le permita hacer feliz a quienes le rodeen como mi Jaco me ha hecho a mí. lunes, 11 de marzo de 2013
7. Cuando todo cambia.
Cuando todo cambia.
Escribir se había
vuelto una actividad complicada. Se terminaban las excusas; el dolor y la
nostalgia desaparecían poco a poco. Parecía que no podía encontrar motivos para
expresar las inquietudes de un alma perdida que iba hallándose entre las luces urbanas que en la noche se confunden con estrellas. Recuperar la
fragilidad emocional del soñador se ha complicado con el tiempo: la fuerza de
las cosas, la memoria de las decepciones y tristezas acumuladas han generado
una inevitable resistencia al encuentro de esperanzas. La ficción de un amor
nunca consumado proyectó un estado permanente de argucias auto complacidas;
estado fallido para un poeta: ¡mediocridad sentimental!
Hasta que la
soledad le alcanza nuevamente y vuelve a sí misma en ese proceso. “El Dasein es
soledad porque ese es uno de los modos fundamentales de su ser. Su existencia
lo separa del mundo. El hombre es soledad porque es nostalgia[1].” Así, vuelve la atención a los detalles en otrora ignorados.
A través de la ventana, un
ave postrada en el amanecer de una metrópoli que resplandece en las alturas
canta y surgen estas palabras. Ahora la esperanza de un nuevo encuentro ha
modificado el despertar de los nuevos días…
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