El Tule es una planta de hojas alargadas de hasta 1.50m de alto y 2cm de diámetro. Los indígenas de Latinoamérica lo han utilizado para fabricar un material tradicionalmente conocido como Petate (Petatl ); que tejiendo unas cuantas hojas para conformar grandes hilos; de la mano de la inventiva indígena, se producen diversos objetos no sólo apreciados por su forma o la diversidad de usos que contempla; si no por el trabajo que requiere entrelazar sus componentes. Así, es como se puede encontrar un patrón de evento; derivado de una de las condiciones básicas humanas: la necesidad de descanso, que no diferencia razas o lugares. Todos dormimos; todos morimos. En cualquier caso, las variaciones de dicho patrón las encontramos como producto de la particularidad de las condiciones del sitio, así como en los menesteres específicos de la cultura que lo emplea, inmerso en sus tradiciones procedentes: en el elemento erudito de la colectividad; eso que actualmente llamamos “artesanía”. En el uso del petate para dormir y aguardar el sueño eterno. De tal manera que resultaría en el único elemento que separaría a nuestro cuerpo de la tierra. –A nosotros los del pueblo, nos entierran en petate-
Oscar Wilde definía en una máxima: “Muero como he vivido, más allá de mis sueños”.
La cosmovisión Indígena de Latinoamerica determina a la naturaleza en un concepto: “la Madre Tierra”; ampliando la definición al clasificarla como un “todo” resumido en el “SER VIVO” que ha de ceder existencia y cobijo a las comunidades. Por esto, reflexionar sobre la concepción de “La naturaleza” como objeto cuya conservación esta coartada por el acto humano, me lleva a pensar que como hemos de vivir y en lo que hemos de creer, así la muerte nos aguardará… Si el lugar que ha de preservar nuestra materia orgánica representa un estatus de vida contemplado por el número de posesiones que tuvimos en vida y por lo tanto habrá de construirse con materiales que lo autentifiquen, ya sea de mármol o de metal, entonces la degradación del cuerpo sufrirá un proceso lento y aislado de la tierra que en algún momento lo transformó en la forma que tenía. –A mí, que me entierren en petate, en un campo de árboles frutales, de maíz, quelite y frijol; ¡yo qué sé!, que no me separen de mi Madre: algún día me querrá de vuelta. Que aquí se queden los recuerdos, las tardes merecidas por la pena, las noches esperanzadas de mirarte, los campos de mi camino, y el firmamento que estoy viendo y perdiendo- Borges
Petate sobre pedido...
de: Arq. Monse Martinez Zepeda

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