miércoles, 29 de septiembre de 2010

1. Preludio del desenlace.

El cuerpo inerte no tendría que separarse de la tierra.  Pensar que pasa la eternidad confinado en una caja que sólo posterga su degradación; aislado de la naturaleza que lo creó, resulta aberrante, por no más ficticio. El miedo que el vivo tiene de encontrarse perseguido por el cuerpo que el alma ha abandonado, es un producto cultural perpetrado por Occidente. No en vano en algunas culturas sistemáticamente se enterraba a los muertos en profundidades ridículas, sellando el ataúd con clavos estructuralmente innecesarios.

Tu cuerpo desapareció un día de transición. El cielo estaba dividido; se habían acumulado grandes nubes grises. Llovía, pero al  tiempo se mostraban fragmentos de luz, cuando la formación de un arcoíris consumó la escena. Qué momento elegiste para tornar tu forma intangible. Sigo pensando que la naturaleza daba muestra de la última conflagración por ti entre el cielo y la tierra: Qué espectáculo. Dualidad y transición. Aquiescencia del día en que naciste.

Ese 15 de abril no pude evitar conjugar versos en mi mente; palabras derramadas por mi alma. Así es como florece este proyecto: de muerte, de amor, de árboles, de nostalgia; lugares y desdicha; pero no es otra historia. No es común porque tópicamente lo sea. Qué a caso las acciones humanas no resultan siempre en patrones de evento: en la dicha de sabernos colectivamente acompañados, por supuesto con sus respectivas variantes. Del macrocosmos de lo común, al microcosmos de lo específico.

1 comentario:

  1. como siempre hermosas palabras, no me cansaré de decírtelo, me da mucho gusto que lo compartas, muuucho :)

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