viernes, 18 de noviembre de 2011

Paréntesis introspectivo.

Sobre todo...



“Una lucha que es lenta, que es larga, pero es la única lucha que nos permite avanzar con la cabeza en alto y de manera digna, enfrentando a los ladrones de cuello y corbata, que hablan de democracia pero sus palabras no son más que cadenas”… Camila Vallejo

Hemos visto como un movimiento de “Indignados” a través del mundo se ha expresado y ha salido a tomar la plaza pública, como siempre lo supo nuestro querido Miguel Ángel Granados Chapa, porque es el lugar  donde la colectividad habita, ahí deposita sus patrimonios, convive y se convierte en una entidad propia. La plaza púbica permite al ciudadano expresarse y lograr ser escuchado por la mayoría que la transita, que la vive. Al final, el capital no tiene el valor tangible del patrimonio que representa la plaza pública y sólo la mayoría, el colectivo, tiene el privilegio de poseerla.

Y es que la causa principal de este fenómeno es un sistema fallido en el que el 2% de las personas más ricas del mundo poseen la mitad de la riqueza mundial; en un  mundo en el que los pueblos y sus más pobres son las armas que luchan por los intereses de ese 2%, con una falsa promesa de vida.
¡Había que despertar!, hacer algo. Repetir las exigencias de siempre, los mismos compromisos y probablemente esperar las mismas respuestas, pero hacer algo. Hoy en día se reduce a educación, vivienda, libertad de expresión y democracia. Pero en realidad, sólo se necesita una demanda, un objetivo… interés único con quien se identifique la colectividad para lograr el cambio.

Saul Alinsky demostró que el poder de organizar a la gente para trabajar por su propio beneficio sería la clave de las nuevas revoluciones, esto sería posible mediante el proceso de exacerbar los resentimientos acumulados por la sociedad marginada en base a intereses propios y a la determinación de las necesidades sentidas. En este contexto, Chile está luchando, con el apoyo de las mayorías y como los grandes por un objetivo específico, la educación; y sin embargo, a través de esta demanda única y compleja, podrían cambiar todo un sistema. En Wall Street observamos un movimiento organizado, que ha decidido clamar por su derecho a ocupar la plaza pública si es lo último que materialmente seguirán poseyendo; todo esto contra la avaricia corporativa que representa un desafío mayor, que enfrenta al negocio armamentista de las guerras y los combustibles, de la especulación política y el atropello a los medios de comunicación. En España tomaron las plazas con la esperanza de poder habitar una vivienda propia y que sus hijos tuviesen el mismo derecho. La especulación de la vivienda en el mundo occidental, en el sistema capitalista, nos ha invitado a alojarnos en el único lugar del que somos aún dueños… porque si no, estamos destinados a rentar toda nuestra vida. Y con esa única petición, están modificando todo un sistema político y financiero. Es una inconformidad global, Italia, Inglaterra, Brasil, Egipto… han demostrado el poder del pueblo, el poder de la plaza pública.

Retrato de la conciencia
http://www.flickr.com/photos/jeahjaleah/
Y ahora me pregunto, qué estamos esperando en México. Porque cuando Javier Sicilia habló ante miles de espectadores en el pedestal de nuestra historia: la plaza pública principal. A pesar de las múltiples peticiones para modificar nuestra realidad, la única que recibió la aclamación, que desbordó el apoyo de la colectividad presente fue la renuncia del jefe de seguridad nacional Genaro García Luna, porque era una petición tangible, una petición compleja: una sola petición. Porque como Alinsky planteaba, exacerbó los resentimientos acumulados por una sociedad marginada que determinaba a su vez las necesidades sentidas. En realidad, la necesidad mayormente sentida en nuestro país es la de posibilitar al pueblo para derrocar a su sistema gobernante. Transitar del miedo al “poder”. Y mediante el logro de esa petición  modificar un sistema completo. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario